martes, 30 de noviembre de 2010

Marco

En apenas cinco meses has pasado de ser un guisante a convertirte en pepinillo y de ahí a aguacacte... tu mami ha ido poniéndote nombres sólo de imaginar tu tamaño... y hoy, además de ver que has crecido considerablemente en las últimas semanas, ya con tus 400 gramos y 20 cm, y esa pistolilla entre las piernas, decididamente, no quedaba lugar para la imaginación: Marco

Mío, nuestro, chiquitito...

Cuando el médico nos ha preguntado si queríamos saber tu sexo, he llorado de emoción, porque desde que supe que andabas en algún lugar de mi cuerpo, quise que fueras como eres. Ahora que se que todo va bien, me muero de ganas por verte la cara. Hemos visto tu columna como si fuera le raspa de una pescadilla de rosca, y tus brazos y tus piernas, y la cabeza... hasta al corazón... mejor dicho, lo hemos intuido, porque aún no soy capaz de distinguir tus piezas entre la nebulosa de una ecografía...

El camino que hemos recorrido es ya más que el que nos queda hasta poder verte, tocarte... pero todo llegará, no quiero apresurarme, quiero seguir tranquila... emocionada y tranquila

Hoy nos has hecho muy felices...cariño mio

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cambios

Desde que no escribo han pasado muchas cosas. Antes de ayer me hicieron una eco en la que pude apreciar como mi guisante dejó de ser pepinillo para convertirse en aguacate, y se encontraba boca abajo -en eso se parece a mí- moviendo sus piernecillas pero no lo suficiente como para que pudiéramos ver lo que hay entre ellas; probablemente la próxima, dentro de apenas un par de semanas, podamos salir a dudas.

En estos cuatro meses y medio, perdí un kilo y he cogido otro, por lo que a efectos de peso estoy igual que antes, es decir, gorda. Por eso cuando la gente me pregunta que si se me nota algo, no sé decir, porque si bien es cierto que noto algún cambio mórfico, no lo es menos el hecho de que me cuesta distinguir la lorza del preñamiento. Ya se irá viendo.

Ha habido otros cambios, como que he pasado de odiar el vinagre (antes de) a matar por una banderilla. Amo los encutrtidos, ha sido un gran descubrimiento cogerle el punto a las cebolletas. Y no, no ha dejado de gustarme nada, no le he tomado asco a nada y no he tenido ningún antojo. Pero he pasado de comer con desgana a comer con apetito y a saborear cada alimento como si fuera el manjar más preciado.

Siguen creciendo los pechos, ese crecimiento es el más apreciable, y se ponen pesados de noche como un cólico de melones de Villaconejos. Curiosamente, también llevo unos dias notando cierto escozor en el ombligo, que por momentos toma el color de las cerezas. Parece que esto tambén es normal.

En contra de todo pronóstico, me he vuelto un poco pasota. Sigo las indicaciones de los médicos, y como hasta ahora todo va bien, cada sensación desconocida, cada cambio lo atribuyo a la propia naturaleza de la gestación, creo que es la única forma de no agobiarme ante tanta revolución.

Lo malo es que he empalmado una contractura con un catarro y el paracetamol no surte los efectos deseadaos, y me agobia estar en casa tanto tiempo, tengo ganas de trabajar ya. Probablemente el martes vuelva a la rutina.

Ya tengo un cajón lleno de ropita minúscula y preciosa, y muchas cositas "que te vendrán bien", pues hala, bienvenido sea todo, incluso esos jersecillos de punto amarillo limón que con tanto cariño se han hecho y tan poco me gustan.

Me hago pis cuando estornudo, me pica la barriga, me crece el pelo fuerte y ya no tengo tanto sueño ni tanta hambre.

PD: Ah, y dicen que estoy muy guapa y que por eso va a ser niño. Si finalmente es niña, pediré explicaciones.

martes, 14 de septiembre de 2010

Guisante boom boom

Breve y concisa. Esta mañana he visto a mi guisante, SUBIDON! Estoy de nueve semanas.
Ahora maratón de consultas y analíticas, sencillamente, tengo el corazón contento: mi guisante tiene un corazoncito que hace boom boom boom...

martes, 7 de septiembre de 2010

CeroLomo

La toxoplasmosis, esconde detrás de ese nombre endemoniado, el mal menor de renunciar a unas lonchitas de jamón, un buen surtido de ibéricos, o un filete vivo, como esos a los que acostumbra mi chico. No creo que me suponga un esfuerzo titánico, siendo como soy, mujer de queso.


Suena raro eso de mujer de queso hasta el punto que pareciera que soy un triángulo gigante y amarillento con agujeros por todas partes como esas porciones deliciosas de quesos holandeses que muestran las vitrinas de la mantequería de ElCorteInglés.


Queda claro, por tanto, que me refiero a mi predilección por el queso por encima del jamón y demás chacinas. Aunque en honor a la verdad, mato por un buen lomo embuchado como esos que me manda de ciento a viento mi querido Pedro.


Lo que me tiene asombradísima es la alucinante expansión de mis glándulas olfativas, al punto de sentirme triple perra: por vocación, por el cansancio, y por la rapidez con que detecto olores casi inadvertidos para el resto. A lo largo del día, me siento como Grenouille, el protagonista de El Perfume, salvando las distancias, claro.


Cada día descubro nuevas sensaciones, que ya no me parecen tan extrañas, lo que defino como un paso gigante en mi escalada hacia el Instinto Maternal. Hasta ahora yo era más de otros instintos más básicos, hablando de sexo, ¿qué es eso?


Tengo pendiente la ardua tarea de convencer a mi chico de que echar un polvito/polvazo no es perjudicial para el guisante, que consultado con madres recién estrenadas, parece ser que es comportamiento habitual en nuestros machos fecundadores  tras conocer la noticia. Dicho lo cual, anuncio públicamentge que quiero lomo, salami, pinchito, porque sé que hay manjares libres de toxoplasmosis capaces de recuperar placeres casi olvidados.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Lo que necesita... es amor

Estoy harta de que se imponga un arquetipo para cada situación y de que el hecho de quedarse embarazada suponga una actitud determinada, que hoy por hoy, no tengo.

Hablo de libros que enseñan a ser madres, de centros comerciales dedicados en exclusiva al mundo del bebé, de cambios tan radicales después del nacimiento que impiden ver la tele, hacer el amor, tomar un café con las amigas o limpiar el baño.  No es ese el concepto que tengo de ser mamá.

Tengo la sensación de ser cuestionada por mi actitud, tan lejana a la de esas otras mujeres que parece que  nacen con el instinto maternal como un órgano más en el diminuto cuerpecito de una niña. No creo que tenga pedir disculpas por ello, pero ni he hablado con "mi guisante", ni me llama la atención comprar ropita ahora, ni me interesan los libros con fotos de fetos y consejos para averiguar el significado del llanto.

Ahora pienso en seguir las indicaciones de los médicos, en aprender a reconocerme distinta por momentos, en imaginar a quién se parecerá, en rezar -a mi manera- para que no me duelan las muelas ahora que un medicamento es el peor enemigo de mi cuerpo,  y en vivir la vida de la misma forma que lo he hecho hasta ahora.

Y no, no se me pasa por la cabeza -ni en sueños- convertir mi casa en un parque temático infantil. He sido tan feliz en mi infancia que si sueño con algo es con poder criar a mi bebé como me han criado a mí: con amor, respeto, y tonterias, las justas.

He tenido un mal momento pensando en que pueda parecer egoista e insensible, pero no lo soy. Quizás ocurra que hay demasiadas mujeres que por una infancia no feliz, por alguna frustración, por propio deseo o porque es lo que se impone, en su afán de darles lo mejor a sus bebés, piensan que lo mejor es lo material en abudancia.

Yo no pienso así.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Guaydelparaguaypapanamericano

Hoy estoy contenta. Si no fuera por lo que es, me marcaría un chuminero al ritmo del panamericano de Yolanda BeCool, que digo yo, que esos miramientos son ahora que me sé el percal, porque hace tan solo unos dias, ignorante del asunto, me marcaba yo unos pinos subacuáticos de padre y muy señor mío. Como dice el refrán, el que no sabe es como el que no ve.



Me encuentro serena, como la Williams, y en algo ha contribuido esa lluvia tranquila que ha caído hace un rato. Me dan ganas de ovillarme y cerrar los ojos y volar hasta caer rendida en brazos de Morfeo, pero esta silla, aún ergonómica, anatómica y Sinforosa, no deja de ser la silla de trabajo… y claro… no es plan aunque las ganas me sobren… madre mía que sueño!


Mi hermana, ejerciendo de madre en funciones y de tía experimentada, me cuida y me da caprichos que no pido, como esas patatas con carne que preparó ayer y tan bien me sentaron, o esa bolsita con un par de chupetes, un babero, y un peluche para el “guisante”.


Me llamó mi suegra para preguntarme que cuanto me medía la muñeca, y después de varias pruebas nada empíricas para determinar el sexo del bebé, pensé que esta sería una más, pero no, quería la medida porque me ha encargado una pulsera. ¿Será para los mareos?

He pasado por varias pruebas populares al estilo Grand Prix del esoterismo para saber si el guisante tiene pepe o cola, pero no hay quórum, con lo cual, la inexactitud de esta ciencia no saca de dudas a nadie. Eso a quien dude. Yo tengo muy claro por qué lo llamo guisante y no lenteja.

martes, 31 de agosto de 2010

Por delante y por detrás

Anoche tumbada en el sofá y mientras el Atleti linchaba al Sporting, tuve una sensación extraña, como si me estuvieran inflando un balón de playa de Nivea en la tripa; por un momento me sentí como quienes se meten el balón intragástrico para dejar de comer, y lo único que dejan es un buen puñado de euros en la clínica de rigor, porque el hambre es persistente y siempre que se marcha lo hace con intención de volver.




Llevaría un par de horas durmiendo cuando sentí como el balón pinchaba, vamos si pinchaba, que tuve que salir escopetada al baño porque me vaciaba por completo.


Se convirtió en romería nocturna de San Toilette esta diarrea inesperada y desbordante que hasta tiempo me dio en la soledad del trono de loza sanitaria a hojear unos comic de Mortadelo. Un horror.

Venía esta mañana de camino a la ofi con la parafernalia propia de estos estados sumamente embarazosos: unas toallitas húmedas por posibles desavenencias en la retaguardia, y una bolsa de plástico hermosa por si el traqueteo del coche provocaba el fatal desenlace del filetito de ternera que me cené ayer.


He bajado del coche como si hubiera quedado segunda dama de honor de Miss embarazo chungo, y he conseguido salvar la mañana con una manzanilla a sorbos y cuatro galletitas, pero no las tengo todas conmigo…

lunes, 30 de agosto de 2010

Caracoles con tomate

Persiste la angustia, que se expande como la lava de un volcán y va tomando distintas formas. Paso de la angustia propia de la náusea a la angustia insobornable de la incertidumbre: cómo será, llorará mucho, a qué hora abren los colegios, me crecerán más las tetas… y tantas cuestiones tan cercanas al ridículo que empiezo a tomarme en serio mi desquiciamiento hormonal.



Para estas cosas, y para muchas otras, los hombres son distintos, relativizan hasta el punto de restarle importancia a todo, que tampoco es normal, pero les hace más llevadera la situación, o por el contrario, cuando hablamos de cosas sencillas por habituales, tienen una tendencia natural a hacer un mundo de la nada.


Esta fue parte de la conversación que un recién estrenado padre y Jose tuvieron ayer:


- …Nada, tío, que me alegro un montón, ya verás como mola


-  Qué cabrón, oye tío, tu niño es igual que tú, pero en guapo… Lo que me extraña es que no se llame José María


- Oye tronco, tengo que darte un consejo muy muy importante, si no lo tienes en cuenta estás perdido


- Dime


- Unos caracoles con tomate son un antojo, un croissant a las cuatro de la mañana es hambre, que se levante ella…


Y siguieron hablando como hablan entre amigotes de temas tan trascendentales y profundos como el traspaso de Guti o la victoria del Atleti en Mónaco


Tiene su gracia el razonamiento, que las hay muy paponas y aprovechan la situación para hacer de sus contrarios unos auténticos esclavos, pero no es mi caso. Más bien al contrario.
En honor a la verdad, Jose siempre ha sido atento y solícito conmigo, y como era de esperar ahora no lo iba a ser menos, así que por el momento, puede estar tranquilo...


Esto de los antojos, yo creo, es una consigna entre embarazadas, un invento para sacar un mínimo beneficio en las atenciones de nuestros respectivos, es más, intuyo que mis antojos, de haberlos no serán de llevarse a la boca...


Se acaba de despertar Jose y me pregunta que si estoy bien.

- Si cariño, estoy bien...
- Qué guay, pues voy a bajar al "chino" que estoy de antojo


No, si lo que yo te digo...


jueves, 26 de agosto de 2010

Estamos en estado (de shock)

Llevaba varios días con esa sensación terrible de que en cinco minutos me bajaría la regla, con un sueño a la altura de mis habituales madrugones, con un dolor de tetas de tres pares de cojones, y hasta ahí, aguantando el tirón pensando que sería otro de mis desarreglos tan frecuentes desde el día "C", pero lo que colmó el vaso de mi mosqueo relativo, fue esa arcada brusca en mitad de la conversación con un cliente a la que prosiguió una carrera digna de 100 metros lisos camino del baño.


La angustia es angustiosa.


Decidí salir de la duda cuando llegara Jose, pero la duda adquirió tales dimensiones que a las 17'28 me planté en la puerta de la farmacia y esperé impaciente los dos minutos que tardó May en subir el cierre... algo menos tardé yo desde la puerta de la farmacia hasta mi cuarto de baño, que si llego a tardar un poco más tengo que colocarme el predictor en mitad de la calle porque se me escaba el pis a chorro vivo del ansia, vamos que si se me escapaba que dejé pringando entero el plastiquito y no había terminado de poner el capuchón al artefacto cuando atravesarón dos rayas la ventana con forma de corazón, y la otra, que es menos romántica, pero casi más efectiva.


Tuve en ese momento la sensación de que no se puede estar más acompañada estando tan sola como estaba, y lloré de miedo y de ilusión pero sobre todo de lo alucinante que es que un palillo te diga lo que quieres oir cuando más lo necesitas. Es flipante.


Seguí flipando cuando llamé a Jose y nada más decírselo entre sollozos y risas me soltó
- Me voy para allá.
- ¿Qué qué? No cariño, tu sales a tu hora
- ¿Pero estás bien?
- Vamos a ver Jose, que no estoy enferma
- ¿Y qué vas a hacer ahora?
- Pues hijo, voy al Dia, que hay que comprar algunas cosas...
- De eso nada, tu no vas sola
- No, si quieres llevo escolta...


En fin... una conversación gilipollesca e hilarante, propia de un momento de alucinación brutal.


Esta mañana he ido al médico con mi cacharrito y me han dado citas a tutiplén con profesionales varios de la obstetricia, que supongo que es lo más cansino del embarazo


Por lo demás, la familia está revolucionada, yo algo más tranquila, y perra, perrísima... no me levanto del sofá nada más que para hacer pipí, que es cada 10 minutos... en fin...